Desde
el descubierto de América Latina, los países como Inglaterra, España, y Estados
Unidos han ganado mucho a expensas de los países de América Latina. «Todos los
fenómenos destructores suscitados por la libre concurrencia en el interior de
un país – advirtió Marx – se reproducen en proporciones más gigantescas en el
mercado mundial.»
Aunque
la mayoría de los países en América Latina habían ganado independencia en un
sentido político por el medio del siglo XIX, se quedaban debajo de la
influencia de otros países y sus controles y poder sobre el comercio. Los
países desarrollados dominaban el mundo y aprovechaban los países en
desarrollo. La gran mayoría de los productos que se usaban en América Latina
fueron hechos en otros países como Inglaterra. Las fábricas en los países
desarrollados eran exactamente eso: más desarrolladas que las en los otros
países. Por esto, los países en desarrollo no podían competir con la gran
cantidad de productos hechos en los países desarrollados, lo cual prevenía el
desarrollo de sus propias fábricas y economías.
A
pesar de ser uno de los países más pobres en América Latina hoy en día, en el
siglo XIX Paraguay era casi el único país que tenía independencia de la mayoría
de los poderes extranjeros. Como un país sin costa, no podía contar con
exportaciones e importaciones para su desarrollo económico. Por esta razón,
Paraguay se concentraba en su propio desarrollo interno y tenía mucho éxito.
Paraguay
tenía una moneda fuerte y estable, y disponía de suficiente riqueza para
realizar enormes inversiones públicas sin recurrir al capital extranjero. El
país no debía ni un centavo al exterior, pese a lo cual estaba en condiciones
de mantener el mejor ejercito de América del Sur… y enviar a Europa a unos
cuantos jóvenes universitarios paraguayos para perfeccionar sus estudios.
Aunque Paraguay podía lograr
mucho sin la intervención de otros países, también había la necesidad de
interactuar con otros países. Desafortunadamente para los paraguayanos, la interacción
que encontraron era muy perjudicial. De 1864 a 1870 había una guerra horrible
entre Paraguay y la Triple Alianza: los países de Argentina, Brasil, y Uruguay.
Paraguay perdió horriblemente y sufrió mucho durante este tiempo. Paraguay se quedó en ruinas. Menos que la
sexta parte sobrevivió al fin de la guerra. Perdió
su población, parte de su tierra, «las tarifas aduanas, los hornos de fundición,
los ríos clausurados al libre comercio, y la independencia económica.» Aunque
Argentina, Brasil, y Uruguay técnicamente ganaron la guerra, padecieron mucho también
por las cuestas grandes de la guerra y tenían que contar aún más con los
inversores ingleses.
Galeano,
E. (1971). "Las Venas Abiertas de América Latina." México: Siglo
Veintiuno
Editores s.a. de c.v.
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