A lo largo de mi voluntariado en el hogar para los niños
y adultos con discapacidades, he pasado mucho tiempo trabajando en la sala de
fisioterapia. He aprendido mucho y disfruto el tiempo que paso allí. Es mi
parte favorita del día y siempre estoy feliz cuando termino los quehaceres en
el otro lado del hogar y puedo ir a la sala de terapia.
Solamente hay una fisioterapeuta y hay aproximadamente
15 niños que reciben atención terapéutica. La fisioterapeuta no tiene tiempo
suficiente para dar a cada niño la cantidad de atención que sería lo mejor
posible. En una situación ideal, cada niño recibiría atención y tratamiento
personal cada día por una hora, o más. Desaforadamente eso no es posible en la
vida de la mayoría de los niños con discapacidades, especialmente los que viven
en un país en desarrollo. Pero es mejor recibir terapia una o dos veces a la
semana que no recibir ni un minuto de atención. En el hogar, hay terapia en las
mañanas por dos horas para cinco niños diferentes cada día. Los niños comparten
las dos horas, entonces cada uno recibe atención por 20 o 30 minutos. Como dije
antes, esto no es ideal pero es mejor que nada.
Requiere mucha, mucha, mucha paciencia trabajar con
los niños con discapacidades. Al principio, me parecía que los niños no estaban
mejorando nada. Recibían tratamiento por un periodo de tiempo tan corto que sería
difícil ver resultados positivos muy rápido. Pero recién, he estado muy
sorprendido porque hay algunos niños que sí han mejorado en algunas áreas.
Cuando llegue al hogar, una niña se llama Luz Clarita no
podía gatear aunque tiene más que dos años. Nunca había pasado mucho tiempo en
la posición prono, boca abajo, y nunca tenía la oportunidad de aprender a gatear.
En vez de gatear para cambiarse de sitio, utiliza una manera de mover en la que
está sentada y mueve las piernas adelante una por una mientras rota su tronco. Esto
no es la manera más práctica entonces en terapia, estamos enseñándole como gatear. Al principio ella no sabía que hacer
o que queríamos que hiciera. Con paciencia y comida como un premio, ella ha
aprendido poco a poco a gatear y ha mejorado muchísima. Hoy trabajé con ella y cuando le dije «ven» o «gatea»
¡lo hizo! Todavía no puede gatear por un tiempo muy largo y a veces hace su
manera rara de moverse pero sabe hacer gatear mejor que antes. ¡Es un éxito!
Otro niño
que me ha sorprendido mucho es Juan María. Inicialmente, yo pensaba que Juan María
era uno de los niños que no pueden hacer nada. Estaba echado en su cama todos los días.
Dormía allí, recibía comida allí, y pasaba
el día allí. Siempre está en su cama con sus brazos y piernas torcidas y
tensas, cerca de su cuerpo. Nunca hablaba y yo pensaba que tampoco entendía, pero…
esta semana me enteré de que ¡él puede hacer mucho más que pensaba! Trabajé en terapia con Juan
y él puede entender palabras y responder con sus movimientos. Jugué con
Juan con un cono redonda de plástico que tiene círculos coloreados de tamaños diferentes para colocar encima del
cono. Juan pudo agarrar un circulo de me mano y colocarlo en el cono casi sin
problemas. Lo hico exitosamente varias veces y también pudo sacar los círculos del
cono. ¡Me sorprendió muchísimo!
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