Las
primeras semanas que pasé trabajando en el hogar para los discapacitados eran
difíciles a veces. Era duro acostumbrarme a hacer algunas tareas sucias como
cambiando los pañales sucios de los niños mayores. A veces el olor en el baño
es horrible y no es agradable ver la caca de los niños grandes. A veces no
quiero estar en el baño en las mañanas cuando tenemos que cambiar los pañales y
vestir los niños. A pesar de todo esto, yo sé que es una tarea muy importante
porque estos niños no pueden usar el baño como los demás niños ni limpiar a sí
mismas. Aunque no me gusta nada hacerlo, sé que mi comodidad no vale más que la
comodidad de los niños. Me puedo sacrificar para que los niños estén limpios y
contentos.
Después
de trabajar en el hogar por más tiempo, he llegado a ver tanta alegría en los
niños en vez de sentirme apenado para ellos. Al principio, me dieron mucha pena
los niños. Me parecía que algunos nunca hicieron nada afuera de comer, dormir,
y hacer caca. Sentí muy triste que vivieran una existencia aparentemente sin propósito.
Ahora
he visto estos niños interactuando y expresándose. No pueden moverse ni hablar
con palabras pero pueden expresar lo que están sintiendo. Hablan con sus ojos y
las expresiones en sus caras. Hay un niño se llama Juan quien no puede hacer
mucho solo. Lo he dado de comer varias veces y él es adorable. Recién lo he
visto moviéndose y expresándose más y más. Cuando yo camino por su cama, sus
ojos me siguen con mucha curiosidad. Él es mucho más que un ser sin sentido.
Me
gustaría poder ver las mentes de los niños y saber sus pensamientos. Una niña
se llama Judith es muy gracioso. Siempre habla palabritas en Quecha y a veces
hace sonidos tontos. La vi tirar la cabeza atrás mientras gritando “Woooah.” Después
hizo sonidos como “Atatatatatauh.” A mí me parecía que ella estuvo en una montaña
rusa por los sonidos y movimientos que hizo. Era muy chistoso y la otra
voluntaria y yo nos reímos mucho. Judith es una chica increíble y siempre está
contenta.
La
cosa que me gusta más es las risas de los niños. A veces empiezan a reír sin
razón y el sonido es música en mis orejas. Tienen sonrisas bonitas que brillan
como estrellas y están llenos de amor y cariño. He llegado a amar a estos niños
y me alegro hacer las cosas sucias para ellos porque quiero que estén cómodos. Vale
la pena.
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