Cuando
los exploradores europeos decidieron atravesar el océano atlántico en búsqueda
de las tierras orientales del mundo, nunca imaginaron que encontraran otro
mundo entero en la mitad oeste del globo. Pero eso es lo que pasó. Desde el
descubrimiento del Nuevo Mundo, la fiebre de oro y plata consumó los
pensamientos de muchos europeos, y muchos fueron en búsqueda de la riqueza de
ese mundo extraño. Además la iglesia católica vio una oportunidad de convertir
la gente indígena a la fe católica. La combinación de los conquistadores en
búsqueda de oro y los miembros de la iglesia católica en búsqueda de católicos
nuevos era fatal para América.
Durante
la época de los conquistadores, Europa fue en el medio de la Renacimiento y
había mucho progreso hecho en la tecnología. El Nuevo Mundo era muy diferente,
con una multitud de tipos diferentes de personas: caníbales y astrónomos,
ingenieros y salvajes. Ni uno usía el hierro, ni el vidrio, ni la rueda. Por
eso, era muy fácil vencer a las poblaciones indígenas para los españoles que
vinieron en barcos grandes con caballos, armas de fuego, cañones, y más. Cuando
los españoles, blancos y con pelo amarillo, llegaron a las tierras de los indígenas,
parecieron los dioses de los mitos nativos. Y también, trajeron las bacterias y
los virus nuevos que mataron a una gran cantidad de los indígenas. La viruela,
el tétanos y una plenitud de otras enfermedades ayudaron a los españoles cuando
estaban luchando contra los indígenas.
Sobre
todo, la fiebre de oro era la causa de mucha destrucción en las ciudades
indígenas. Por ejemplo en Perú, Francisco Pizarro se lanzó sobre el Cusco y sus
soldados se pusieron a saquear el Templo del Sol. Destruyeron las representaciones
de animales, arboles, y otras figuras para convertir el oro en barras
transportables. En poco tiempo, las exportaciones de la plata excedieron las
del oro pero la mayoría de la plata no se quedaba en España. Salía a otras
partes de Europa en las manos de acreedores extranjeros. Aunque España tenía
acceso a tanto oro, plata, y otros recursos de valor de América Latina, sufrió
mucho y no podía sostener una economía estable.
Galeano,
E. (1971). "Las Venas Abiertas de América Latina." Mexico: Siglo
Veintiuno
Editores s.a. de c.v.
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